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Anakonda Im Netz
"Desde declaraciones de los propios músicos, hasta palabras de su manager o del público. Curiosas las historias vertidas en dichas grabaciones. Desde fanáticos sudamericanos que pensaban que la esvástica sería un signo de apoyo a la banda y que fueron invitados a deshacerse de ellas, hasta recordatorios del tour, en su paso por países como Suecia o Finlandia, el proceso de montaje del escenario, y vivencias personales, tanto dentro como fuera del escenario. Como anticipo, diremos que en los momentos previos a un concierto, la banda escucha música de Mariachis, para salir enervados y que Lorenz abandonó sus labores de timonel de la balsa ya que se cayó en cuatro de las diez ocasiones en las que lo intentó en sus inicios." Metal Circus
Las Ediciones Estándar y Especial van acompañas de un DVD bonus que contiene dos documentales.
Anakonda Im Netz es el primer de estos documentales de 59 minutos. Es muy revelador y se nos desvelan cosas muy interesantes.
Aquí vais a poder leer lo que se nos dice en estas entrevistas.
Emanuel Fialik: Me acuerdo de la primera sesión de autógrafos de Rammstein en México. Era una de esas macrotiendas de música. La gente llegaba con muchos objetos. Pensaban que era parte de la cultura alemana y que un grupo como Rammstein también los firmaría. Venían con partituras de Straub, con libros de Nietzsche o con traducciones de la Biblia de Lutero. En Guadalajara vino un chico con una camiseta estampada con la esvástica. Pensaba que era un símbolo del folklore alemán. Este chico tenía 25 años y era indígena: melena negra, una gran nariz aguileña y una camiseta negra con la esvástica. Enseguida se la quiso quitar cuándo le explicaron que hoy en día no era un símbolo muy bienvenido. Él sólo quería gustarle a la banda. Después me explicaron que muchos criminales de guerra alemanes se habían instalado en Guadalajara después de la Segunda Guerra Mundial. Entonces pedimos a la emisora de radio local que avisara de que no queríamos que la gente viniera con esvásticas en la camiseta. Y lo aceptaron y respetaron. No era un grupo de ultraderecha que venía a un concierto de Rammstein sino gente que, lejos de Europa y Alemania, pensaba que esto tenía que ver con la historia de Alemania y quería saludar a la banda de esta manera como muestra de reconocimiento y respeto. Les explicamos que no era así y lo entendieron. Como el chico por suerte llegó pronto para conseguir autógrafos, tuvimos la posibilidad de reaccionar.
Richard Z. Kruspe: Dimos el último concierto en Dinamarca o en Finlandia. Llegué allí directamente desde Nueva York. Había llovido todo el día. Normalmente no empiezo a tocar hasta que se alza el telón. Pero aquel día cuando se alzó el telón vi ese precioso puerto que no había visto nunca antes y se me olvidó ponerme a tocar. Al cabo de un rato me di cuenta "Oh, mierda..." todavía tardé 20 segundos en ponerme a tocar.
Paul Landers: En Estocolmo hay un lugar enorme y antes, cuando íbamos a tocar a locales pequeños siempre lo veía de lejos, porqué brilla mucho. Esta vez nuestro tour-bus iba hacia allí y al final tocamos realmente en ese pabellón enorme. No hay nada más grande en Estocolmo. Te parece increíble y te preguntas ¿qué estamos haciendo aquí? nosotros mismos alucinamos muchas veces ¿por qué querrán vernos 12000 suecos o finlandeses?
Oliver Riedel: Fué muy bonito tocar en Nimes. Allí la histeria era un poco parecida a la de México o a la del sur de España. Y en Francia viene siendo parecido. Vas por la ciudad y ves a muchos que quieren ir al concierto. Notas que la ciudad bulle y que la gente tiene ganas de que llegue la hora.
Cristoph Schneider: Nimes es un lugar turístico al Sur de Francia con edificios antiguos, un centro precioso con un par de turistas. Y, de repente, miles de fans de Rammstein. Todos vestidos de negro y arreglados de una manera extremada. No pegaban nada con el entorno idílico. Fue uno de los mejores conciertos de la gira.
Emanuel Fialik: Vinieron jóvenes de toda Francia. También había banderas de Brasil, Croacia, Grecia y Alemania. Habían peregrinado juntos al concierto de Rammstein. En fin, las mejores condiciones para un buen concierto.
Till Lindemann: Este lugar fue extraordinario. Era una plaza de toros, o gladiadores, un anfiteatro. Parece viejísimo, como el Coliseo de Roma. ¡Fantástico! Te pones de buen humor. La acústica es bastante extrema porqué todo se queda en esta caldera. La gente estaba de muy buen humor. Un ambiente así siempre sorprende. De hecho no me entero mucho de lo que hace el público antes del concierto. Pero esta vez fue alg o extraordinario.
Paul Landers: Fue alucinante. Normalmente todo el publico está a la misma altura pero cuando los ves tan arriba, te das cuenta de la cantidad de gente que ha venido. Parece más compacto.
Cristo ph Schneider: Últimamente hemos tocado casi siempre en lugares enormes con 10000 espectadores por concierto. Un espectáculo de Rammstein exige mucho. Nos tienen que ver desde todas partes. Hay que adaptar la pirotecnia e iluminación al tamaño del lugar, para que no parezca pequeño. Estos tres aspectos son muy importantes: iluminación, pirotecnia y música. Hay que combinarlos bien para que armonicen. Y también hay que sincronizarlo todo. Cada elemento tiene su lugar para que todos juntos funcionen. Ese es el secreto. En una gira de estas dimensiones nuestro equipo llega a 100 personas. A veces los miro cuando montan y desmontan el escenario. Es increíble cuantos puestos de trabajo dependen de dos horas de concierto.
Paul Landers: Es un poco como un circo que está de viaje. Como una pequeña ciudad. Con un alcalde, que es prácticamente el director de la gira. Con secretaria y empleados. Se establecen conexiones telefónicas y se monta una pequeña oficina. Luego están los camioneros que lo transportan todo. Los de montaje, que montan el escenario. Y los rigger, que se suben al techo para colgar motores donde después irán los focos y los altavoces. Los rigger son los primeros en llegar. Después vienen los de iluminación, los técnicos de sonido, los montadores que montan el escenario y los asistentes del grupo que preparan los camerinos. Este es el equipo, a grosso modo.
Flake Lorenz: Lo que más me gusta son los primeros conciertos de la nueva gira porqué nadie sabe lo que va a pasar. Los movimientos no están todavía claros. Vas hacia la derecha y te chocas con uno y vas con él hacia el otro lado, cosas así. Durante los primeros conciertos nadie sabe nada a ciencia cierta. Y entonces pasan cosas divertidas y también embarazosas. Te quedas en alguna esquina a oscuras y se olvidan de ti. Una vez salí al escenario con el Segway, al principio de aquí para allá. Los otros dijeron que parecía que estaba cortando el césped. Yo pensaba que hacía algo súper guay de aquí para allá. Y yo allí sin saber que hacer, al final pregunté "¿Qué hago?" Dijeron que hiciera otra cosa, lo que fuera. "Pon la marcha atrás." Pero esto me pareció a mí ridículo y por eso me giré. Son los conciertos más palpitantes. Si tienes experiencia en el concierto se nota un poco la rutina.
Till Lindemann: Al principio tengo un esquema en mente. Durante las pruebas miro si quedaría bien. Durante los 5 primeros conciertos veo lo que queda bien y lo que no y pongo en práctica lo que queda bien. Así adquiero rutina, aunque muchas veces no estoy muy seguro. ¿Debo quedarme quieto o molestarán los movimientos cuando cante? Podría ser que no pudiera respirar bien para acabar de cantar las vocales. Pasados 5 o 10 conciertos te sabes los pasos o la coreografía y lo haces cada noche.
Flake Lorenz: Como toco el teclado no estoy atado al escenario. Cuando no toco, puedo irme y hacer simplemente otra cosa. Los guitarristas siempre llevan la guitarra encima. Se la tendrían que descolgar para moverse. Al mismo tiempo yo podría subirme al bote o hacer tonterías. Puedo levantarme e irme. Para nuestra música heavy metal el teclado no es muy importante. En muchas ocasiones no toco. Y, claro, no tengo porqué estar allí. Muchas cosas que hago son muy desagradables. Es como ducharse con agua fría. Primero no quieres pero cuando ya lo has hecho te sientes mejor. Hace un calor infernal en el escenario. Si no presto atención me quemo la llama de los dedos. O Till me hecha fuego a la cara, se me quema el pelo, o resbalo. Puede pasar cualquier cosa. Bajando podría hacer un mal gesto y caerme. Si encienden los cohetes demasiado pronto, me van directamente a la cara. Bueno, nos ha pasado de todo.
Richard Z. Kruspe: En un concierto de Rammstein hay muchísimos efectos. Todos quieren ser parte de estos efectos. Lo difícil es tocar el instrumento y a la vez manejar los efectos. Hemos probado muchas cosas. He tocado una guitarra encendida. Y también una que después demolía. Y los trípodes de los micros quemando... Piensas que estas cosas quedarán muy bien o que es lo último. Y probablemente, en realidad, estás haciendo el ridículo. Emu, nuestro manager, viene siempre cuando hablamos de ideas nuevas. Tiene un interés especial con la luz. Trabaja mucho con los de iluminación. Les explica lo que es importante para Rammstein. Un ritmo concreto, o una sensación. Además pienso que él tiene que ver mucho con nuestro éxito, con nuestra imagen, con muchas cosas. Él no es un miembro permanente pero a pesar de ello pertenece al grupo.
Emanuel Fialik: La luz me interesa mucho. ¿Que pinta tiene Rammstein en el escenario? ¿Cuál es el efecto de los músicos, su música y la iluminación sobre la gente? La luz transporta todo lo que hay que percibir de la música de Rammstein. Una mala iluminación que no concuerda con el ritmo de la música hace menos comprensible la música de Rammstein. Con la pirotecnia pasa lo mismo. Me he dado cuenta de que hay pirotecnia y pirotecnia puedes utilizarla de una manera muy diferente con la música de Rammstein. Tiene un ritmo que no quedaría bien con otra música. Los otros utilizan la pirotecnia de otra manera yo lo llamaría decoración. En nuestros conciertos la pirotecnia con sus ruidos es también parte del sonido.
Oliver Riedel: Algunas cosas son muy peligrosas: por ejemplo calderas de fuego que están bajo el escenario. Si no se encienden en el momento indicado te puedes quemar. Otras cosas pueden encenderse a través de chispas. Por ejemplo con el arco de fuego de Till. Lo mejor es no ponerse muy cerca de una caldera de fuego.
Richard Z. Kruspe: A veces hace un calor increíble. Pero cosas así me parecen muy bien. No le tengo ningún miedo al fuego. Al contrario, me encanta. Cuanto más cerca estoy, más emocionante. Estos surtidores de fuego están tan calientes que a veces te quemas pero de alguna manera es genial. ¡Me encanta!
Claro que buscas ser el centro de atención. Lo necesitas. Sin ello no podría subir al escenario ni hacer música. Si estuviera satisfecho con mi vida y con todo lo demás, no necesitaría tocar mi música ante el público. Lo absorbo todo y me siento mejor, es naturalmente autoengaño. Intelectualmente lo sé. Pero he encontrado una manera de vivir con ello. El problema será cuando vaya a menos o acabe este tipo de vida. Entonces tienes que encontrar otra cosa o deberías curarte. Es muy importante entender que sólo actúas. Es sólo una "idea". Los fans quieren a su ídolo tal y como lo ven. Y tienes que entender que no vienen a verte a ti. Tienes que actuar muy bien. El papel no tiene que ver mucho con tu vida real. No debería. Normalmente busco entre el público a alguien para establecer contacto visual. Casi siempre una chica. Con este contacto visual casi siempre me sale un concierto de primera. Tenemos a alguien que reparte pases backstage entre el público. Y ya me ha ocurrido en alguna ocasión de encontrarme a la persona después del concierto. Pero no se trata de eso. Lo importante es el momento durante el concierto. No tengo mucha curiosidad por saber más. Es como una herramienta que necesito. Como con el sonido. Necesito una persona con la que establecer contacto. Y cuando la tengo, todo sale bien.
Till Lindemann: No me gusta que me miren mucho. Intento ignorarlo. Lo evito. A veces pega con la canción, mantener un diálogo muy gesticulado. Y sino, miro hacia otro lado. Busco un punto al fondo. Casi siempre el técnico de la mesa de sonido.
Oliver Riedel: Mi primer viaje en bote fue muy emocionante. Al principio no noté demasiado que nadaba entre las masas. Pero cuando volví al escenario me temblaban las piernas. Y me di cuenta de que fue algo muy especial. Ya he probado muchas técnicas para navegar el bote. Pero al fin y al cabo es algo mental, me imagino que guío con mi mente a las masas y el bote. Cuando me he alejado lo suficiente, decido volver. Es difícil describir cómo ocurre la vuelta. Tienes mucho juego repartiendo el peso pero lo importante es este principio del caos: todos saben automáticamente lo que deben hacer y me llevan de vuelta. Aunque ya me ha pasado un par de veces, no tengo miedo a volcar. No les tengo miedo a las masas.
Till Lindemann: Me parece un efecto genial el del bote. Si no viene, me pongo de mal humor. El que lo sufre más es entonces Olli al que agobio mucho. Para nosotros es un momento de relax porque nadie mira al escenario. Olli es el centro de atención y se mueve en un mar de manos. A veces tenemos miedo de que se caiga o de que no vuelva. Verlo es genial. Uno de los mejores efectos que conozco. Flake era el capitán antes. Una vez se lo llevaron hasta el fondo donde no quedaba nadie y como no había nadie, se cayó al suelo. Le salieron un par de hematomas, se enfadó muchísimo. Gritaba como un pollo, pero es que se hizo daño de verdad.
Flake Lorenz: Es bastante incómodo ir en bote. Al final me cansé del efecto. Olli lo hace mucho mejor que yo. También tiene un bote mejor. La base de mi bote era sólo de goma. El público lo atravesaba con cualquier cosa. Su bote tiene el suelo duro y es también más grande. No vuelca tan fácilmente. De las 10 veces que he ido en el bote, he volcado 4. Tuve que ir al hospital a que me cosieran. Pero al día siguiente ya estaba otra vez allí. El bote está a 2 metro se altura, sobre la gente y yo encima y claro si te caes o vuelcas... conmociones cerebrales, golpes, contusiones en la espina dorsal, fracturas de codo. Lo típico. Al final te dices: "ya vale..." La gente te quita la ropa. Vuelves al escenario desnudo y tienes que envolverte en una toalla. Y al día siguiente no tienes calzoncillos para el escenario. Primero te quitan los zapatos. Como he dicho, es como tomar una ducha. Si vuelves sin rasguños considerables, te alegras cantidad.
Cristoph Schneider: Lo bonito del concierto es que llegas a tus límites: Cuando tocas estás en un estado de "ahora". No piensas en lo que vendrá después sino que vives el momento.
Paul Landers: Bueno, los que más trabajan son Schneider y Till. Schneider tiene que golpear fuerte y a la vez tocar perfectamente. No se puede despistar mucho haciendo tonterías. Till tiene que concentrarse mucho y estar lleno de energía porque la mayoría lo mira a él. Todos los demás pueden relajarse, desconectar, sin que se vea como algo negativo.
A veces hay bronca. Till lleva esos dos brazos cuando canta "Rammstein" que imponen bastante. Está en el escenario, aprieta los interruptores ¡y entonces no pasa nada...! Esto ya nos ha ocurrido dos veces. Entonces sé que va a pasar algo gordo. Till está allí y piensa, "¿Vale y ahora que hago?""¿Lo tiro todo por los suelos?""Me voy a casa?". Entonces respira hondo y piensa: "Tirarlo no puedo, ha costado 10.000, no lo puedo romper". Entonces se va hacia atrás, los otros se apartan porque saben qué pasará. Se oyen ruidos, algo se rompe. Entonces se tranquiliza y sale otra vez. La gente ni se entera. Pero ahí atrás hay algo roto, después de un concierto así se va solo al camerino. Y ahí se desahoga. Después se encuentra un poco mejor.
Flake Lorenz: Till está entonces de muy mal humor. Y yo me alegro de ser músico y no el encargado de pirotecnia. Éste tiene las de perder y debe justificarse.
Casi siempre se rompe algo o yo toco mal. Yo soy el que decide el orden de los temas. A veces se me olvida un título y paso al siguiente directamente. Los otros claro, no se enteran y se cuelgan las guitarras que no son. Están afinadas en distintas tonalidades. Bueno, nada suena bien entonces. Los otros dejan de tocar porque no reconocen la canción. Y yo sigo tocando como si nada. Entonces miro a mi alrededor y me doy cuenta. Tengo que reaccionar, ¿qué hago?, ¿paro y empiezo a tocar la otra pieza? ¿continúo? Haga lo que haga me echarán bronca pero me da igual.
Till Lindemann: Nosotros echamos un trago justo antes de salir al escenario. Es nuestro ritual. Otros grupos rezan antes de salir o los "Slipknot" creo, caen en una breve rigidez metafísica y barbotean algo. Nosotros nos bebemos un tequila. Es nuestro "avisador": empieza la función.
Flake Lorenz: Intento no pensar en el concierto. Hablamos de cualquier cosa. Empezamos una conversación que continuamos después del concierto. Me gusta escuchar música folklore latinoamericana con Till. Cantamos las canciones e intentamos traducir las letras.
Oliver Riedel: Normalmente ya estoy dos horas antes allí. Para poder sentir un poco las ondas del lugar. Me parece importante que todos lleguemos una hora antes. Podernos tranquilizar, relajar un poco los sentidos para mentalizarnos y meternos en esta conciencia un tanto ruda. Antes hacemos chorradas como jugar al fútbol, algo de estiramientos o tocamos el bajo. Es importante que los seis estemos antes del concierto juntos para mentalizarnos. Y después tenemos también otro ritual: Till pone música mariachi. Siempre la misma canción, con lo que el sentido de insensibilización se fortalece. Lo aguantas 30 segundos. Entonces puedes insensibilizarte o abrirte a este feeling tan especial. Sólo hay que cambiar el chip. Cuando lo consigues, entonces puedes empezar a tocar.
Flake Lorenz: Siempre me sorprende cuando la gente se pone a cantar. Antes siempre pensaba que eran loas alemanes que habían venido. Pero con la cantidad de gente que canta, no podía ser.
Till Lindemann: En Europa cantan los estribillos y otras partes de las canciones. En cambio los mexicanos se saben casi todas las estrofas enteras. ¡Impresiona mucho! Cuando escribes los textos no piensas en algo así. Entonces te acuerdas de esos momentos. En muchos casos sé exactamente dónde y cuándo se me ocurrió la letra, en qué situación, pasa pocas veces pero pasa. Estás ahí en el escenario y no te lo acabas de creer. Es muy emotivo... A veces se te pone la piel de gallina.
Emanuel Fialik: Este aspecto de himno de la música de Rammstein me fascina. Y cuando la chispa se enciende y traspasa a 18.000 personas me siento muy satisfecho. También voy a los estadios de fútbol, allí hay una fascinación parecida. En Rammstein es más bien un evento a coro. Es una emoción colectiva fantástica. No sé decirlo de otra manera ya que me fascina totalmente. Es fantástico. Es una seducción magnífica.
Cristoph Schneider: En general en cada país se nota éstos son fans de Rammstein. A la gente le gusta nuestra música y va al concierto. De hecho, tienen entonces mucho en común. Lo notas en el ambiente: en unos países es más emocionante, en otros es más tranquilo, escuchan más. En España es una pasada: un barullo increíble, se vuelven locos. En Francia también y sorprendentemente en muchas ciudades inglesas. ¡Un ambiente increíble!
Till Lindemann: En Rusia notas que vuelve una energía perdida. Ves la falta de eventos, conciertos, actos culturales. Allí los buenos conciertos son escasos. Alucinan. Se ha acumulado todo. Con mucha agresividad. Pero es una energía positiva y está bien tocar allí.
Flake Lorenz: No hay esa cultura de eventos. El concierto lo vigila el ejército soviético. Acordonan todo el distrito. Teníamos a gente en la lista de invitados pero no llegaron nunca. Del metro sólo podían bajar los que llevaban las entradas para el concierto. Los otros tuvieron que quedarse en el metro. No llegaron nunca.
Cristoph Schneider: En Moscú tocamos en un lugar muy grande. Había muchísimas reglas y muchos vigilantes para mantener al público controlado. La mayoría tenía entradas de asiento y tuvo que meterse en las galerías. Normalmente los fans están apretujados justo ante el escenario. Pero allí no había nadie. A la derecha y a la izquierda se apretujaba la gente. Había una valla que separaba la zona del medio para un grupo de elegidos. Molestaba mucho. Normalmente esa zona está llena cuando empieza el concierto. Y es donde está la gente con la que te comunicas, bueno pues allí no había nadie. Nosotros animábamos a la gente a atravesar las vallas. Era un poco arriesgado y no se atrevían. No se sabía como reaccionarían los del uniforme. Pero al final pasaron muchos al medio. Y el concierto estuvo bien a pesar de todo.
Emanuel Fialik: Nunca me he encontrado con un público con una relación tan peculiar con Rammstein. En Rusia todos llevaban un librito informativo en alemán. Parecía que el instituto Goethe hubiera invitado a 7.000 personas. Esa fue la impresión que me llevé de Rusia. 7.000 participantes de un curso de alemán de excursión a un concierto de música. También había edades que nunca había visto en otros países: gente mayor que se sabía su Puschkin de memoria estaban sentados entre el público leyendo y pasando páginas del folleto. Son imágenes que no se olvidan fácilmente. Un público muy especial.
Oliver Riedel: Viajamos de diversas maneras. Antes íbamos siempre los seis juntos. Ahora, después de tanto tiempo, cada uno se busca la vida. Yo viajo muchas veces con el equipo técnico con el tour-bus. Los otros vuelan. Durante un tiempo tuvimos incluso un avión alquilado. Nos parecía perfecto no depender de horarios fijos y poder volar cuando queríamos. Pero a mí, estando de gira, me gusta mucho sentirme como en casa. Y si te instalas bien en el tour-bus entonces está muy bien dormir siempre en la misma cama. Cada uno tiene un pequeño camarote. Atrás están sentados 4 ó 5 y beben vino, ven una película. Si te llevas bien con ellos pues entonces te lo pasas bien.
Paul Landers: Como percibo los países a través de la comida sé exactamente qué quiero comer y dónde, cosa que agobia a algunos. En Francia me gusta comer salchichas "Merguez". En Finlandia vamos al lago y pescamos un poco. Intentamos hacer lo típico del lugar. En Inglaterra comemos "Fish and Chips" y bebemos té. La mayoría de las ocasiones coinciden los estereotipos. Y si los encuentras pues te alegras. En Japón comemos sushi u otra cosa típica. Siempre que podemos intentamos tomar la iniciativa. Evitamos desayunar en el hotel y nos buscamos una buena cafetería. Hacemos mucho turismo, andamos mucho.
Oliver Riedel: Viajar es parte del trabajo. Unas veces es una bendición, otras una maldición. Está muy bien ver sitios donde no has estado antes nunca. Solo no hubieras ido nunca allí. Te haces una idea del lugar para volver quizá más tarde, con más tiempo.
Till Lindemann: Islandia fue única. Es una isla pequeña y la mitad de la población viene a tu concierto. Allí no viven muchos. El recibimiento ya fue... Sólo llegar ya nos llevaron a una de esas aguas termales, a la "Laguna Azul". La gente estaba ante el hotel. Fue algo completamente diferente. Islandia es un país fantástico. Hay glaciares, aguas termales, géiseres, casi nada de bosque, mucha piedra volcánica, pocas montañas y una costa preciosa. Y hay mucho pescado y gambas para comer. De hecho no soy de ciudad, yo me crié en un pueblo y cuando veo un paisaje bonito me emociono mucho.
Me gusta mucho viajar pero no al servicio de Rammstein. Eso es trabajo. Depende también de cómo esté uno. Pero ir al Amazonas vale la pena, eso sí. Es un viaje aventurero, de verdad muy aventurero. Te puede coger una enfermedad de esas fuertes en menos que canta un gallo. Pero también hay delfines de río, anacondas y perezosos. Puedes ir a pescar pirañas. Nuestro guía conocía a un indio. Cuando empezaron a beber nos fuimos a pescar. Y encontramos una anaconda en la red. Bueno, eran dos. A una la dejamos libre, la otra estaba muerta y le quitamos la piel. Ahora está colgada en casa de un amigo mío. Mide casi 7 metros.
¿Por qué hacen algunos una expedición polar? No hay nada que ver allí. Pero te sientes atraído. Es difícil de explicar en palabras por qué se viaja. En realidad no sabes por qué has viajado hasta que no vuelves a casa. Puedes sacar provecho de los recuerdos de un viaje durante bastante tiempo. Es como un sótano al que vas cuando no estás bien. Ahí te coges un bote de compota de viaje lo abres y entonces picas un poco.
Cristoph Schneider: Antes para mí había una gran diferencia. Cuando estaba de gira olvidaba totalmente mi vida diaria de Berlín. Pasadas 3 ó 4 semanas desconectaba completamente. Por aquel entonces estábamos más tiempo de gira, a veces 2 meses seguidos. Y yo estaba como en otro mundo nuevo. A veces me enamoraba de los otros países. Me daba la sensación de que tenía que vivir allí. Todo me parecía mejor. Para mí eran siempre dos mundos completamente diferentes. Me costaba mucho volver a casa y acostumbrarme a llevar una vida normal. Tardaba 2 ó 3 semanas en acostumbrarme a todo. Ahora lo he hecho tantas veces que ya me lo sé y lo llevo más profesionalmente. Ahora sé que es mi trabajo. No me pierdo tanto emocionalmente.
Till Lindemann: Mi opinión sobre ciertas cosas se ha abierto un poco. Adquieres conocimientos sobre muchas cosas. Siempre tienes algo que explicar. En los rodajes de los videoclips hay a veces pausas largas. Entonces nos acordamos de muchas cosas. Uno dice: "¿Te acuerdas de...?". Y en un santiamén recordamos historias del pasado: que estamos en la jungla australiana por la noche y miramos al cielo...
Paul Landers: Después del concierto antes siempre había discusiones. Gritábamos mucho para bajar el nivel de adrenalina. O rompíamos algo. Ahora sabemos que es para desfogarnos. Y por eso aplazamos para más tarde las discusiones importantes. Para no herirnos los unos a los otros.
Richard Z. Kruspe: Hay que encontrar la manera de neutralizar esa energía después del concierto. Necesitas compensarlo. Pensé en hacer meditación. La sensación de llevar dentro la energía de 20.000 personas. Es como si alguien te abandonara y tienes que compensarlo. Todavía no he encontrado la manera.
Oliver Riedel: Yo tomo una ducha rápida, me desmaquillo y me voy al autobús o al hotel. No me gusta quedarme mucho tiempo donde hemos tocado.
Flake Lorenz: Te alegras de haberlo conseguido. Si hay agua te duchas, y después te bebes una cerveza para poder dormir mejor.
Emanuel Fialik: Exactamente por eso hago lo que hago. ¡Es el momento de concordancia ilimitada entre causa y efecto! Lo que envías desde el escenario será recibido allí abajo. ¡Y eso es lo mejor que te puede pasar!
Till Lindemann: Yo haré un largo viaje cuando hayamos acabado.
Richard Z. Kruspe: A mi me apetece no hacer absolutamente nada. Todo el día. Quedarme en la cama, levantarme, pasear por la ciudad, tomarme un café y dejar que el día sea un día normal, cosa que no hago nunca. Lo que la gente hace los fines de semana yo no lo hago, peor me gustaría hacerlo.
Flake Lorenz: Para mí la vuelta es un lujo absoluto: poder cocinar mi propia comida, ir a la cama y no tener que hablar con gente.
Paul Landers: Con Rammstein en verano sólo teníamos 2 semanas para nosotros. Hace 10 años que no nos quedamos una temporada en el mismo sitio. Y esto también lo voy a disfrutar mucho. Simplemente ir a algún sitio y quedarme allí.
Cristoph Schneider: ¿Antes, después? No sé. Media hora después del concierto todavía se respira un ambiente especial. Aún notas la energía y el calor humano. Entonces empiezan enseguida a desmontar y cada uno se ocupa de lo suyo. Es muy raro. Hace un minuto todavía estaba la magia del concierto en el aire. Y en cuánto suena el último acorde y se cierra el telón, se encienden las luces, la gente sale y todos empiezan a trabajar. Lo recogen todo enseguida. Entonces ves que lo que has vivido ha durado un momento relativamente corto. Llegas, haces el concierto y en cuanto acaba ya es historia.
Y así acaban estas entrevistas, cuyas declaraciones son muy sinceras y hay momentos para todo: nostalgia, cultura, viajes... Y un detalle de una expedición de Till en las Amazonas que da nombre al documental y que me gustaría recordar y con las que quiero acabar:
Me gusta mucho viajar pero no al servicio de Rammstein. Eso es trabajo. Depende también de cómo esté uno. Pero ir al Amazonas vale la pena, eso sí. Es un viaje aventurero, de verdad muy aventurero. Te puede coger una enfermedad de esas fuertes en menos que canta un gallo. Pero también hay delfines de río, anacondas y perezosos. Puedes ir a pescar pirañas. Nuestro guía conocía a un indio. Cuando empezaron a beber nos fuimos a pescar. Y encontramos una anaconda en la red. Bueno, eran dos. A una la dejamos libre, la otra estaba muerta y le quitamos la piel. Ahora está colgada en casa de un amigo mío. Mide casi 7 metros.
Anakonda Im Netz (Transcripciones por Antharas)
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